¿Qué Significa la Solidaridad en Practica?

Estados Unidos
Voluntario anterior de América Solidaria transforma el conflicto en empatía por la solidaridad

Vicente Gabriel Valdelamar, un profesional voluntario anterior de America Solidaria trabajando en Haití nos compartió cómo un asalto intentado resultó en una lección profunda sobre empatía.

Vino a la isla en Septiembre 2016 para servir en el proyecto de America Solidaria de convivencia escolar. Aprendió a hablar kreyol y trabajó con niñas estudiantes de Haití, quienes constantemente mencionaban que su parte favorita de asistir al colegio era Vicente. Terminó su año de voluntariado con nosotros y se quedó en Haití trabajando con otra organización. Es un orgullo que sea parte de la red de nuestra organización pues cuenta con todas las cualidades que buscamos en un profesional voluntario:  capacidad de derribar fronteras, de reflexionar en profundidad sobre su posicionamiento en otro contexto.

Vicente compartió lo siguiente que vale la pena leerlo:

“Generalmente no hago esto porque no me gustan las frases como ‘cuídate mucho porque allá está feo’ o ‘eso es lo que pasa por vivir ahí’; pero les platicaré que después de un año y meses viviendo en Haití casi me asaltan… eso si la situación fue muy diferente a cuando me atracaron en Ciudad de México, en Puebla o en Nuevo Laredo. Hoy fue diferente, pues un haitiano me enfrentó en la calle pensando que yo tenía mucho dinero porque “soy extranjero”, después de explicarle que no llevaba nada de valor, mientras forcejeaba mi mochila y un grupo de gente veía lo que pasaba…

Trate de racionalizar con él. Le decía que no traía nada y que no era justo que se llevara mi mochila si yo no soy un extranjero que viene a Haití a hacer dinero (si, pues como otros lo hacen y viven en sus burbujas adineradas de autos caros, aire acondicionado y hoteles lujosos).

En fin, después de vernos fijamente a los ojos unos segundos, unas siete personas se acercaron a ayudarme y a decirle que se fuera y me dejara en paz, quienes después me acompañaron para subirme al transporte público para continuar mi camino, a pesar de insistir que podía hacerlo. Platicando con una de las personas que me ayudaron, me dijo que él creía que el país no podía avanzar por varias razones: por la corrupción en el Gobierno, porque había gente que no respetaba y prefería robar y porque la gente necesitaba comer y si no encontraba trabajo era lo que le quedaba a la mano.

Minutos después llegó el supuesto asaltante y se puso a hablar conmigo, me decía que los extranjeros vienen a hacer su vida a Haití y no dejan nada en el país, chocó las manos conmigo y se fue como si nada hubiera pasado, dejándome en evidente choque emocional por lo que acababa de pasar.

Fue raro ser víctima de un forcejeo que tiene que ver con mi color de piel y extranjería y de la perspectiva que se ha impuesto donde Haití es una máquina de hacer dinero para extranjeros y locales adinerados con contactos, y, aunque no lo crean, fue increíblemente bello romper otro estereotipo ligado a la pobreza en donde a nadie le importa lo que le pasa al otro y mucho menos siente empatía por su propio país y sus condiciones de vida. Fue lindo sentirme protegido por alguien que tal vez nunca más vuelva a ver en mi vida con un corazón y un sentimiento que resulta ser compartido por varios haitianos…

En fin, fue atemorizante y a la vez revitalizante, como un día normal en este bello y místico país.”

Un solo minuto así de solidaridad puede representar un transformación radical en las actitudes de personas que han aprendido a ser sospechosos y antagónicos el otro hacia el uno. Esta es la visión que nos moviliza en América Solidaria.